Su frase, esa frase, me mate en ese kilómetro, las curvas de
esa chica no tenían quita miedos, eso me dijo, el muy cabrón, me dijo que me quería,
mientras me babeaba de arriba abajo, si, no te voy a mentir, me dio las mejores
noches, pero sus mañanas eran las peores resacas de mi vida, aun así, me atrevo
a decir que le quería, quería es parte de él, que me hacía enloquecer, esa que
le hacía enloquecer, ¿porque no era siempre así?, él tenía que fingir, ser un
chico responsable, con buena imagen, un tío serio, y eso...mmm....sinceramente prefería
al tío que cada noche recorría todos los confines de mi cama, arrancándome la
ropa a dentelladas, nos voy a engañar, nuestra relación se basaba en eso, en
enloquecernos cada noche, y en ser completos extraños durante el día, en
querernos en secreto, y odiarnos a gritos, pero molaba, los dos éramos felices,
los dos disfrutábamos, me gustaba ser su puta de lujo, y que el fuera mi gigoló
de oferta, hasta que un día de tanto gastarlo, el amor, se fue, y ya, pues sin
amor, no merecía la pena follar, ah, ¿que nos lo había dicho?, estábamos
completamente enamorados el uno del otro.
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