lunes, 27 de agosto de 2012

Las cosas que nos dijimos, ¿donde quedaron?


-Ja, ja, ¿No es gracioso?
-¿De qué te ríes? ¿Qué es tan gracioso?
-¡Todo! ¿No lo ves? Es gracioso que me preguntes sonriendo, es gracioso que yo hubiera estado a punto de tirar la toalla instantes antes de conocerte y que tú salieras como de la nada, con tu sonrisa, tu puta sonrisa que me encanta, con tus miles de horas de conversación y tus tonterías, con tus pequeños defectos que son lo que más me gusta de ti, es gracioso que yo pasara de todo, que me comportara como una golfa y que llegases tu y lo cambiaras, es gracioso que te eche de menos, que me ralle por ti. Es graciosa la manera en que apareciste y conseguiste hacerme olvidar todo, conseguiste que lo volviera a intentar una vez más, como si el dolor de antes no existiera.
-Eso que has dicho es precioso, pero no creo que lo hayas dicho en serio.
-¿Por qué? ¿Crees que miento?
-Porque yo no he hecho nada, yo he llegado y te e besado, me he limitado a eso, y ni si quiera me había dado cuenta de que había creado ese caos en tu interior.
-¿Qué no, que no has hecho nada? ¿Quieres saber realmente lo que has hecho?
-Sí.
-Existir, aparecer cuando no había nada por lo que luchar, hacerme reír hasta en mis peores días, ser un orgulloso, chillarme, decirme que te cansaras de mis comportamientos de cría, simplemente entrar en mi vida, cuando ahí fuera hay cientos, y miles, y millones de personas por conocer, eso es lo que has hecho, hacerte grande poco a poco en mi mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario